José Porchietto era un hábil mecánico radicado en Vila (Sta Fe), lugar donde había comenzado con un taller de reparaciones de maquinaria agrícola en 1905. Le iba bien en su empresa... Tenía habilidad, honestidad y humildad, cosas que en aquellos tiempos se valoraban mucho. Alrededor de 1918, la idea de expandirse comenzó a crecer en su cabeza y ya para 1920 había comprado un terreno en una población del noreste cordobés: Balnearia. Una población que hacía pocos años había nacido y que solo nueve años antes, recibía al ferrocarril, la novísima vía de comunicación y transporte de aquellas épocas. La idea era tener la casa y el taller al lado, así que adquirió un terreno de casi un cuarto de manzana, en la esquina de las calles San José y Almafuerte, y sobre la primera, casi en la mitad de la cuadra, comenzó a construir su casa. Era una casa hermosa, grande y fresca, con pisos de madera de pino, y un techo muy original, donde una veleta y un pararrayos se erguían orgullosos de su dominio. Entre 1921 y 1922 llegó don José con su familia formada por su esposa (Dominga Buffa) y seis hijos (Ana, Pedro, José, Isidro, Francisco y Onelia). Pronto la casona se pobló de gritos juveniles y graves charlas de adultos, de olores a comida y ruidos de maquinaria agrícola. Asi quedó la casona apenas construída
La idea era tener la casa y el taller al lado, así que adquirió un terreno de casi un cuarto de manzana, en la esquina de las calles San José y Almafuerte, y sobre la primera, casi en la mitad de la cuadra, comenzó a construir su casa. Era una casa hermosa, grande y fresca, con pisos de madera de pino, y un techo muy original, donde una veleta y un pararrayos se erguían orgullosos de su dominio. Entre 1921 y 1922 llegó don José con su familia formada por su esposa (Dominga Buffa) y seis hijos (Ana, Pedro, José, Isidro, Francisco y Onelia). Pronto la casona se pobló de gritos juveniles y graves charlas de adultos, de olores a comida y ruidos de maquinaria agrícola.
Asi quedó la casona apenas construída
El taller y la sala de exposición funcionaban al lado, en la esquina. Pronto la familia se agrandó, pues en 1923 nacería Elsa, y en 1929 Dicley. Por algunos años las cosas funcionaron de maravillas, pero en 1936 don José comienza a sufrir severos problemas en su vista, lo que le obliga a transferir temporariamente su empresa a un hermano y a sobrinos, mudándose a la localidad de Las Arrias, donde descansó y comenzó a reponerse. Un intento de regreso en 1939, fracasó, así que decidió vender a su hermano Juan toda la empresa (que por ese entonces también tenia concesionaria de automóviles) y la casona tan querida, radicándose definitivamente en Córdoba. A los pocos años, don José fallece; un 5 de julio de 1943 La casona quedó entonces en manos de don Juan Porchietto, quien en 1958 decide venderla, subdividiendo el gran terreno. Los compradores de la casona, fueron un grupo de visionarios que conformaban una sociedad civil denominada "Instituto de enseñanza secundaria Juan Bautista Alberdi"
Asi estaba en 1939
Todo esto lo contaron una soleada tarde de julio de este año (2007) Elsa y Dicley, las únicas hijas vivas de don José, quienes acompañadas de Delia y Cecilia, (hijas de Elsa), llegaron al Instituto a ver como estaba su vieja casa natal. Con cierto temblor y un nudo en sus gargantas, fueron recorriendo las habitaciones de la casona, ahora convertida en oficinas del Instituto... "-Acá nacimos.. en lo que era la habitación de nuestros padres.." recuerdan ambas, recorriendo lo que ahora es la parte oeste de la Biblioteca. "- Y aquí la habitación de las hermanas mujeres" comentó Elsa mirando la parte este de la Biblioteca "Ahí, una mañana antes de levantarme, cuando tenía diez años, enfermé de parálisis infantil", recordó con la voz entrecortada... Elsa Porchietto
"-Allá, donde ahora funciona la Secretaría, estaba el dormitorio de los hermanos varones, y al lado, donde ahora es Dirección, el comedor de diario" nos decía Dicley con una lagrimita asomando, "Y desde la ventana, mi mamá llamaba a papá, que estaba en el taller, ¡a comer...!" "-Aquí, en la escalerita que daba al patio, nos sentábamos ambas a ver las tormentas" recordaron las dos "-Y por allá, cerca del mástil, había un árbol muy grande que daba unas frutas raras", agregó Dicley, haciendo gala de una memoria fabulosa
Así, recorrieron todas y cada una de las habitaciones de la casona, reflotando recuerdos, a veces con risas y a veces con lágrimas. Al salir, coincidieron con un grupo de alumnos que entraba y Dicley, emocionada, me comentó: "-¡Que lindo que es ver toda esta juventud entrando a mi casa!" ................. Partieron, prometiendo volver... Ojalá lo hagan pues son parte de la historia de nuestro querido colegio ¡Gracias Elsa y Dicley por traernos tantos lindos recuerdos y las fotos de su papá y del frente antiguo del colegio!